Lunes 30 de noviembre.
A solo 24 días para Navidad soy un condenado a muerte esperando ser ejecutado.
No estoy confundido sino exterminado. Jamás imaginé un ultimátum tan directo ni tampoco unos planes perfectos tan mal terminados.
Es como si condensara mi vida en un disparo al aire y el proyectil que supuse en el espacio me cayera de repente, al cabo de un largo tiempo, en la cabeza.
¿Qué explicación convincente puedo dar?
¿Decir que mi cerebro o el de Tololo cambia de lugar con los tragos y que se encuentra en otra cabeza situada en la parte superior de mi pene y por lo tanto piensa solo en sexo?
¿O inventar una historia en la cual soy solo la víctima inocente del mundo cruel de la farándula?
Cuando has dicho tantas mentiras ya no te creen las verdades.
Para completar el desastre envié a mi manejador, quien llamó en mal momento, al carajo o como dicen por allí al congo, debe ser porque allí hay caníbales para que se lo coman.
Imagino su cara enrojecida por la rabia y la sorpresa.
Habló de demandas, de cárcel, de abogados y de otras cosas. ¿Cómo cumple un contrato un cadáver? Porque Tololo murió de Sida con Marta y lo enterró el ultimátum de mi esposa.
El atareado día de trabajo en la oficina me hace olvidar por momentos la situación.
Necesito de alguien cuerdo que pueda darme un consejo, pero haciendo inventario de mis amigos, conocidos o vecinos, la más cuerda es quien me ha puesto en esta situación y el extremo de la cuerda sería confesarle todo a mi hermana, quien creería un 30% y me diría la conocida frase “Te lo dije”.
La última vez que hablamos de mi vida privada fue a raíz de mi inminente divorcio con Rosa, que así se llamaba mi ex, la coloque como intermediaria de buena fe pero todo fue inútil.
-No se puede vivir de la mentira y esperar que otros lo comprendan. –fue su epitafio final.
Tal vez soy un embustero congénito y esa es la razón por la cual he dedicado casi toda mi vida al medio artístico, porque a través de Tololo expreso todo lo que no puedo decir o lo que no me permite la sociedad hacer. O simplemente soy un loco de carretera que espera que algún día un auto lo atropelle y salir de este mundo con una excusa fútil.
Antes de dormir llamo a mi esposa al celular, hablo con ella unos minutos de cosas ajenas al problema y antes de cerrar le digo.
-Me hice un examen de Sida.
-Ese no es el problema.
Quedo como cuando juegas dominó y trancas la partida con el uno blanco creyendo que es la más baja y te sacan el doble blanco.
El que invente algún manual para comprender a las mujeres se hará mil millonario, pero de algo estoy seguro, no seré yo.
Llamo a mi hermana y la invito a almorzar.
-¿Puedo ir acompañada?
-No, deseo que hablemos de algo personal.
-Me imagino de que es.
Ese tal vez es el mayor problema de las mujeres, se imaginan tanto que descubren en algunas ocasiones la verdad y cuando no es así pocas reconocen estar equivocadas. Herir el orgullo de una es como declararle la guerra.
Mejor me voy a dormir antes que escriba una barbaridad.
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