sábado 20 de febrero de 2010

Tololo, diario de un feo - Sabado 28 de noviembre (Dia 14)

Sábado 28 de noviembre.

Al mejor cazador se le escapa la liebre, dice un adagio popular y nadie, incluido yo, está excepto de que le ocurra, pero que sea en este momento es como perder un diente a los quince y no poder ponerse prótesis. Por primera vez en dos años logré compartir la misma cama con mi esposa, tras funcionar un minucioso plan del que me sentía orgulloso. Lo cierto es que a mitad de camino, ya entrada la noche le dije a ella que estaba cansado y que mejor era dormir en un motel hasta que amaneciera y no se negó. Si en algo superan las mujeres a los hombres es en prudencia y la respuesta adecuada era una afirmación. Como el lobo que se comerá a caperucita festejaba ya internamente la victoria. Me eché un baño de diez minutos para relajarme y me acosté desnudo en la cama, ella por su parte, sin hacer ningún tipo de comentario y sin pudor ante mi mirada igualmente se desnudó y fue a ducharse. Tuve una erección en todo el cuerpo incluido el corazón que casi se me sale por los ojos. A los cuarenta y tanto su cuerpo es un manjar para dioses y mi sinvergüencería me dejó abandonado en ese instante, como haciéndome saber que por machismo o frivolidad tomamos en la calle cualquier esperpento con faldas y creemos ser reyes de la noche, cuando en verdad somos solo perros vagabundos comiendo desperdicios en los basureros. Por unos segundos me arrepentí de muchas cosas pero el ejercicio de expiación llegó con una penitencia porque mientras mi cerebro intentaba limpiar de insalubridad los pensamientos me quedé dormido y me desperté a la mañana siguiente. Ya mi esposa estaba vestida y lista para seguir viaje.
Al final nunca sabré si esa noche ella estaba dispuesta a perdonarme o por lo menos a revivir tantas noches de lujuria y sexo que tuvimos. Sin embargo tengo la esperanza que al regreso las cosas tengan diferentes resultados.
El sábado familiar fue maravilloso y colocó a Tololo al borde de la desaparición, debido a que compartir con nuestra bebe, como le decimos, trajo recuerdos y situaciones que han hecho que vea de otra manera mi destino futuro. Tal como lo imaginé las libertades con mi esposa han sido irrestrictas y caminar con ella tomada de la mano ha logrado hacerme sentir un tonto.
En la noche fuimos al cine, luego a jugar boliche y finalmente a cenar.
Regresamos a la casa que comparte mi hija con otras dos compañeras de estudio como a las doce y allí, ante la insistencia de todas ellas mi esposa se quedó a dormir y yo, como perro abandonado en la montaña, pasé la noche en un hotel cercano.
Cada vez que cierro los ojos la veo desnuda y me entra un escalofrió en toda la anatomía.
A pesar de todo, hablando en términos beisbolisticos me siento como si estuviera en segunda base y mañana en la noche cuando regresemos y volvamos a dormir en el motel tal vez logré llegar a tercera y con suerte a home.

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