jueves 4 de febrero de 2010

Tololo, diario de un feo - Jueves 26 de noviembre (Dia 12)

Jueves 26 de noviembre

En lugar de los sueños placenteros que pronostiqué tener tuve pesadillas infernales, donde era asesinado por mi esposa quien me decía. “Muerto Tololo ahora si serás mío”
Desperté varias veces y con el corazón desbocado me acerqué a la puerta de su cuarto y caminé por el apartamento, tal vez verificando que nada era real, pero como si fuera un ciclo que continuaba, cada vez que me volvía a dormir llegaba la pesadilla, pero no en el mismo lugar sino que continuaba como una serie en capítulos.
Cuando me marché mi esposa seguía durmiendo, aprovechando unos días de descanso que le dieron.
La cabeza parecía un trampolín que iba y venía y me proporcionaba una sensación de vértigo, parecido al beodo cuando comienza su borrachera.
En la oficina mi secretaría, cual mago de circo, logró hacer aparecer un analgésico que según ella era potente y difícil de encontrar ya que lo traían del lejano oriente.
No pregunté cómo se llamaba ni de que manera llegó a sus manos sino que me lo tomé y milagrosamente hizo desaparecer todo el malestar.
Eso dio paso a mis cavilaciones existenciales. “¿Habré mal interpretado las palabras de mi esposa sobre la muerte de Tololo?” “¿Habrá querido decirme que solo después de muerto es que me perdonará?”
La visita de un importante cliente hizo desvanecer las conjeturas y una reunión de emergencia para afinar los detalles de una campaña de fin de año y comienzo del nuevo me mantuvo ocupado todo el día.
Sin embargo, la curiosidad por el nombre de la pastilla milagrosa regresó antes de marcharme y pregunté a mi eficiente secretaria donde podría comprarla y como se llamaba.
Me miró con cara sonriente y por primera vez me percaté de su bello rostro y los ojos azules que los iluminan.
-En cualquier librería.
Estaba seguro que era una broma pero insistí y la respuesta casi logra hacerme caer de espalda como les ocurre a los personajes de Condorito.
-Era solo un trozo de tiza que corté y di forma de pastilla. Los dolores son en su mayoría más mentales que físicos.
Si lo contara me dirían que es una mentira más.
Aprovechando la tregua llamé a mi esposa y la invité a cenar en su restaurant favorito.
Un hostal al estilo gallego al cual acostumbrábamos ir en nuestra época de recién casados.
No tomé licor y eso me permitió contemplar a mi esposa, como nunca antes, durante veinte años de casados lo había hecho.
Tal vez Gardel tenía razón porque a pesar de sus cuarenta y cinco años ella sigue manteniendo ese vigor y frescura de cuando apenas tenía un poco más de dos décadas, época en que la conocí.
En ocasiones no apreciamos lo bello que tenemos por andar deseando nuevas aventuras que al final nos dejan más sinsabores que placeres.
Hablamos más de cosas de trabajo que personales, como amigos que viven juntos y me confesó que está pensando mudarse a Europa, lugar donde vive nuestro hijo mayor.
Quizás estoy poniéndome viejo pero creo que si no me apresuró a reparar la escalera que representa nuestro matrimonio, voy a quedarme guindado de la brocha.

martes 19 de enero de 2010

Tololo, diario de un feo - Miercoles 25 de noviembre (Dia 11)

Miércoles 25 de Noviembre.

Hoy he tenido un día extraño y esto no es porque hayan pasado acontecimientos sobrenaturales ni se haya muerto la suegra, sino porque en mi cerebro existe una revolución de ideas hitlerianas que están siendo aniquiladas por otras más conservadoras o menos déspotas. La sombra de la muerte tiene propiedades reorganizadoras más efectivas que los productos blanqueadores que usan para que la ropa quede blanca.
Decidí tener una larga conversación con mi esposa y para eso escogí la soledad del apartamento en lugar de algún sitio público, tal vez con el temor oculto que la reacción de ella pudiera dejarme en ridículo. Debí grabar para eternizarlas, sus expresiones a medida que le contaba mis cambios de planes y mis novedosas ideas para mis próximos años de existencia.
Casi canta el Himno Nacional y saluda a la bandera cuando le plantee la idea de retirarme del espectáculo, aún no me perdona el que utilice entre mis chistes un personaje tan popular como la suegra para hacer reír a la gente.
-¿Qué dirán de mi madre tus espectadores?
-Ellos saben que no hablo de la mía.-Siempre me justifico.
-¿Entonces por qué cuentas cosas que te han pasado con mi madre?
Es el momento que escojo para huir o hablar de otros temas ajenos al espectáculo.
Hoy no sé si estaba preocupada o extrañada, lo cierto es que habló muy poco y aceptó sin ironía mis palabras.
La última vez que le conté mis planes fue cuando decidí convertir al Gran Tololo, payaso y héroe de una serie infantil al estilo del Chapulín Colorado en un humorista para adultos.
-Será un mal ejemplo-sentenció.
Y no se equivocó, no por lo malo sino porque eso me cerró las puertas de la televisión y me convirtió en un gitano que debió ir de ciudad en ciudad o de local nocturno a bares de mala muerte y peores prostitutas, para lograr ganar el lugar que ahora tengo, que no es de superestrella pero me conocen.
Eso sin olvidar la demanda que tuve que sortear por parte de la televisora, quienes se autoproclamaban dueños del nombre artístico e insistían en continuar la serie con otro protagonista. Para desgracia de ellos hacía muchos años que mi manejador, sin saberlo incluso yo, había registrado los derechos del nombre y me sacó del aprieto.
Sin embargo todo esto me mantuvo meses inactivo y con ganas de asesinar a unos cuantos.
Decidí cerrar toda mi exposición reflexiva con una palabra que no sé si fue tomada en su justo valor o solo como excusa para intentar ganar favores sexuales.
-Me gustaría que nuestra relación matrimonial mejorara.
-Quizás cuando Tololo muera eso ocurra.-me respondió, ahora sí con ironía.
Nos fuimos a nuestras habitaciones y me he quedado pensando que matar a Tololo es un homicidio en primer grado, tan parecido a un parricidio, que es como llegar al extremo en la escala evolutiva de un asesino.
¿Me atreveré a hacerlo?
De seguro esta noche tendré sueños eróticos.

domingo 3 de enero de 2010

Tololo, diario de un feo - Martes 24 de noviembre (Dia 10)

Martes 24 de Noviembre
Tuve una noche horrorosa. Casi no dormí y mirándome al espejo casi me muero del susto.
Los zombis de la noche de los muertos vivientes tenían mejor aspecto.
Intento hacer un rápido análisis de mi situación pero no logró hacer que una decena de neuronas funcionen correctamente.
Me voy al laboratorio que queda más lejano de mi apartamento con la esperanza de no ser descubierto y a los exámenes que me ha colocado el médico le agrego el de VIH.
Quedo en recoger los resultados al mediodía y me marcho al trabajo.
Hoy he logrado que mi rostro parezca tan normal como siempre, me he convertido en un metrosexual y hasta he usado el maquillaje de mi esposa para lograrlo, sin embargo los gestos del portero y ascensorista no deja de ser de extrañeza. Supongo que pensaran que me he cambiado de equipo y me he atrevido a salir del closet.
Los últimos dos meses del año son extenuantes en el área de publicidad y aunque este ha estado algo flojo, sobran cosas que hacer y supervisar, por lo que me olvido un poco de las desgracias que pueden haberme producido el jugar sexualmente a la ruleta rusa.
Lo más patético de todo es que no puedo recordar si usé preservativo cuando tuve relaciones sexuales o animales con Marta.
Mi esposa llega por la tarde.
En lugar de almorzar me voy a buscar los resultados, con el corazón a punto de estallar y las piernas temblorosas como gelatina.
Como gánster ante un secreto espero en la esquina hasta que el lugar quede vacío.
Entro y por una ventanilla doy mi nombre y me entregan el sobre donde se encuentran los resultados.
-¿Todo bien? –pregunto.
-Si, todo está normal.
Cuando intento suspirar para sacar el aire de mis pulmones, un golpe en la espalda me lo apresura.
-El gran Tololo.
Pronuncia mi nombre un jovencito de unos veinte años al que no conozco.
-Eras mi héroe cuando estaba chiquito, no me perdía ningún capitulo de tu programa.
Me retiro sin responder y ya en el auto constato que lo dicho por la joven sea cierto.
En lugar de alegría me entra un ataque de nerviosismo que me hace sudar, como negro en plena zafra, y debo detenerme en una estación de servicios para orinar.
A la hora de su llegada voy a recibir a mi esposa al aeropuerto y esta se sorprende tanto que tropieza y casi se cae.
-¿Qué haces aquí?
Una pregunta sencilla que no puedo responder. Creo que el susto me ha hecho hacer cosas más locas que la apuesta que hice con un amigo, en la que prometí acostarme con una mujer de cada continente para verificar si sus orgasmos eran iguales. Al final solo pude darme cuenta que en cada una, sin importar raza, es diferente.
-Vine a darte la bienvenida.
Estoy seguro que su primer pensamiento es “Se le acabó la renta básica y anda desesperado por recargar” Una expresión que utilizo en mis chistes refiriéndome al hecho que llega un momento en que el hombre hace cualquier cosa por desahogar su deseo sexual.
Tal vez ni equivocada esté, pero no creo que esté dispuesta y me he resignado a la dieta en casa y últimamente el régimen callejero está también en mengua.

martes 29 de diciembre de 2009

Tololo, diario de un feo - Lunes 23 de noviembre (Dia 9)

Lunes 23 de Noviembre

Hoy estoy feliz, le gané la batalla a la costumbre, al alcohol y al pesimismo.
Me siento un hombre nuevo y el smog de la ciudad me huele a aire puro de la montaña.
¿Tendré una sobredosis de limpieza etílica?
Al llegar a la oficina mí manejador está esperándome, después de darme un sermón al estilo padre benevolente me pregunta.
-¿Qué te ocurre?
Le respondo:
-Nada.
-¿Nada y dejas tus actividades sin ninguna explicación?
-En la vida hay que hacer cambios.
-No me vengas con filosofías baratas que ofendes mi doctorado. ¿Crees que no pasará nada cuando incumplas algún contrato que paga los lujos que tienes?
Como siempre, tiene la razón.
-Marta está muy enferma, me pidió que la visitaras.
Me dice saliéndose del tema y yo regresando al mismo le respondo.
-Di que estoy enfermo, suspende mis actuaciones por un mes.
Se va sin responder por lo que supongo que le he convencido.
La mañana se hace aburrida y en la tarde recibo la llamada de mi esposa, confirmando que regresa mañana.
Decido ir en la noche a visitar la amiga enferma.
Marta además de eso fue un romance apasionado de gira. Una semana de sexo, alcohol y locura que nos dejó tan cansados que tuvimos que acortar las presentaciones.
Ella canta como los ruiseñores y su belleza, producto del bisturí y el dinero, es apetecible para todos, incluso para las de su mismo sexo, por las que siente cierta atracción.
Vive en una villa en las afueras custodiada por feroces perros guardianes y guardaespaldas con cara de animales también.
A pesar del maquillaje y los arreglos que se hace para no verse tan mal, puedo vislumbras sus huesos que amenazan con dejar lo poco que le queda de carne.
-Me estoy muriendo.- me dice con tristeza.
No le respondo.
-Te amé con locura ese verano y no puedo morir sin decirte un secreto.
Por mi mente morbosa pasaron muchas cosas, desde herencias hasta intimidades de alcoba, pero ninguna resultó ser la verdadera.
Me hizo acercar el oído a su boca y con voz entrecortada me confesó.
-Tengo Sida.
-¿Desde cuándo?
-Desde hace veinte años.
Si Dracula me hubiera chupado la sangre no sentiría lo que siento ahora.
Salgo sin despedirme, a punto de que me dé un nuevo infarto.
Puedo estar infectado y haber contagiado a mí esposa y quienes han tenido sexo conmigo.
En la casa me invade un ataque de pánico, por lo que tomo unos antidepresivos y llamo a mi hermana, quien feliz de que haya aceptado mi enfermedad, llega con el doctor, quien me coloca algo para dormir y deja las ordenes para hacerme unos exámenes al día siguiente.

jueves 24 de diciembre de 2009

Tololo, diario de un feo - Domingo 22 de noviembre (Dia 8)

Domingo 22 de noviembre

Hoy me he dado cuenta que soy un extraño en mi casa. A pesar del duro trabajo para que esta disponga de las mayores comodidades y avances tecnológicos, para mí ha sido un lugar donde dormir o pasar la resaca. Un motel de carretera donde el sexo es lo primero.
Tal vez sea que ha llegado prematuramente la andropausia y divago sobre cosas aparentemente sin importancia, pero cuando el silbido de las botellas de licor llega a mi cama me levantó presuroso y me meto en la ducha para salir a caminar un rato.
La incitación a ingerir alcohol es como una secretaria que tuve hace años, una jovencita pariente lejana de mi jefe quien vestía con descaro y me acosaba sexualmente y digo esto no porque me haya invitado alguna vez a acostarnos sino por sus acciones mientras estábamos en la oficina. Llegaba con una minifalda que cada vez que se sentaba me permitía sin mucho esfuerzo ver sus labios vaginales, ya que ella con descaro acostumbraba abrir las piernas y su escritorio quedaba frente al mío, ni decir de sus senos pequeños pero redondos cuyos pezones se dibujaban a través de la blusa o quedaban a la vista cada vez que se inclinaba para escribir algo y todo este espectáculo era posible ya que la niña no usaba prendas interiores o no se las ponía para ir al trabajo. Por seis meses emulé al fugitivo escapando de la seducción de su hermosa anatomía, porque si bien es cierto que he sido un prostituto farandulero, jamás me he involucrado con alguien que trabajase conmigo, lo más cercano que eso ha ocurrido es con mi esposa a quien conocí dando sus primeros pasos como reportera en la televisión donde igualmente yo laboraba.
Mientras caminaba por la calle el celular repicó y respondí. Era ella preocupada por la llamada que hice ayer.
-¿Seguro que está todo bien?
-Sí, solo deseaba saber si tú lo estabas.
Para ella escuchar eso fue como si estuviese anunciando la nueva venida de Cristo, porque me respondió.
-¿Estás borracho?
¡Que difícil es convencer a las mujeres que uno les dice la verdad!
-No he bebido este fin de semana.
El Apocalipsis.
-Llamaré a tu hermana para que pase por el apartamento.
-¿Para qué?
-Para que haga lo necesario y hable contigo, debes entender que las enfermedades son cosas serias, yo regreso el martes.
Colgó.
Quedé con cara de niño pobre esperando a San Nicolás.
Me apresuré a llamar a mi hermana para explicarle que todo estaba bien pero tampoco me creyó y almorzamos juntos en el apartamento.
Ella es enfermera. Me tomó la tensión, la temperatura, me auscultó y hasta llamó a un amigo que es doctor para explicarle lo que no tenía. Solo le faltó colocarme un supositorio.
Al final se fue casia las ocho de la noche, más tranquila pero aun preocupada.
Y debo reconocer que es culpa mía, ya que hace unos años echaba bromas diciendo que me dolía el pecho y que podía ser un infarto de corazón, para luego reírme de la cara de preocupación de mi esposa, amigos o familiares, a quien le jugaba la broma, hasta que como el pastorcillo embustero sucedió de verdad y casi muero porque no me buscaron asistencia médica hasta estar casi moribundo.
Recogemos lo que sembramos, así de sencilla es la vida.

lunes 21 de diciembre de 2009

Tololo, diario de un feo - Sabado 21 de noviembre (Dia 7)

Sábado 21 de Noviembre.

Me siento como un adicto que intenta dejar la droga que lo mata.
No recuerdo cuando fue el último sábado que pasé sobrio o sin una resaca.
Miro las botellas de licores que adornan mi bar como el hambriento que observa con la boca hecha un rio los alimentos exhibidos en alguna vidriera. Me prometí no ingerir licor y ya me falta solo terminar de escribir estas líneas para logarlo.
He descubierto que pertenezco a una nueva variación de alcohólicos cuyo protagonista es el borracho de fin de semana.
Nunca ingiero licor de lunes a jueves y no me hace falta hacerlo, pero cuando llegan los tres días de espectáculo o alguna reunión con compañeros de farras, mi cerebro pareciera embrutecer y pedir como carburante para el funcionamiento de sus neuronas el alcohol.
Escribo tembloroso cual enfermo de mal de Parkinson.
Hoy me he reencontrado con una vieja y fiel amiga, la soledad.
El apartamento silencioso a pesar de los ruidos de la calle es como un satélite en el espacio transportando un solitario astronauta, que exteriormente no tiene ningún parecido con la perra Laika pero interiormente sí.
En un desesperado ataque de abandono hice algo que tenía años sin hacer: llamar por teléfono a mí esposa, pero no tuve suerte ya que el cel estaba apagado.
Al final fue mejor así. ¿Qué le respondería cuando me preguntara la razón de mi llamada?
A nadie le queda mejor el termino estoico que a ella. Es una Job moderna cuya fe en mi cambio de actitud no ha faltado.
¿Habré comenzado ese trayecto?
Ya no sé ni quien soy ni lo que deseo. Solo estoy seguro que soy un feo en crisis, un borracho exótico y un artista a punto de suicidar su carrera, sin esperar jubilación ni aplausos de despedida.
La anterior ocasión que me sentí así fue en el último año de la secundaria tras ser reprobado en un examen de matemáticas, hecho que me obligó a dejar el equipo de beisbol y a estudiar durante dos meses para superar la calificación y poder aprobar la materia.
Como ratón de ferretería me encerré en el cuarto y explotando mi cerebro introduje en él tantas formulas matemáticas, que en el intervalo hasta la prueba parecía un zombi haitiano que pululaba por los pasillos y salones de la casa de estudio.
Al final logré mi objetivo y regresé al equipo, quien en mi ausencia no ganó ningún juego.
Uno de mis compañeros me dijo.
-Sin nadie que los asuste no nos respetan.
Supuse que hablaba de mi facilidad con el bate, ya que era el mejor bateador del torneo, pero viéndolo ahora decenas de años después creo que lo dijo por otra cosa.
Es asombrosa la capacidad que tiene el humano para insultar sin ser detectado.
Un pensamiento me da ganas de reír y como un loco lo hago a carcajadas por un rato.
La mente retorcida de un humorista es una cloaca en plena ebullición.
El motivo de la explosión hilarante en medio de la depresión es recordar que el mencionado amigo que hizo el comentario terminó convirtiéndose en gay.
Lo tiene merecido.

sábado 12 de diciembre de 2009

Tololo, diario de un feo - Viernes 20 de noviembre (Dia 6)

Viernes 20 de Noviembre.

El viernes ha sido por muchos años el comienzo de mi doble vida. Al finalizar mis labores ordinarias llega el momento que el gran Tololo aparece.
Es el inicio de la locura que dura tres noches y dos días y la cual me ha mantenido inmerso por décadas fuera de la realidad que me rodea y ha servido para vivir económicamente de manera holgada y sentimentalmente como un pordiosero.
Hoy sin embargo, ha sido diferente. ¿Me estaré poniendo viejo?
¿Tendré el valor de asesinar al personaje que desde los quince años ha convivido en mi cuerpo?
A esa temprana edad me fugué con un circo que por varias semanas presentaba funciones en mi barrio. Fue un escape planificado y efectuado al estilo de los mejores estafadores.
Falsifiqué en una autorización la firma de mi padre y se la entregué al dueño del espectáculo rodante, en la misma se contemplaba que me iría con ellos a trabajar por un tiempo, no recuerdo cuanto era.
Aproveché que este se marchó en la madrugada y con una maleta y un disfraz de payaso le di vida al compañero imaginario de mis juegos infantiles, cuyo nombre era Tololo.
Duró solo una actuación y solo unos pocos días el sueño.
Mi padre puso la denuncia de mi desaparición y la policía, eficiente siempre cuando se trata de localizar personas que no sean antisociales, me atrapó.
Al anciano propietario casi le da un infarto al darse cuenta que lo había engañado y pasó un par de días preso, hasta que todo se aclaró.
A mí me dieron una dosis de castigo más severa, ya que la casa se convirtió en mi cárcel por unos meses y las visita al sicólogo la única salida de ella.
Para mi suerte o desgracia, el mencionado profesional es quien ahora es mi manejador y esa es una historia más complicada.
Cansado de reírse de mis chistes, o de mi fealdad, con la autorización de mis padres me inscribió en un concurso de jóvenes talentos, donde finalicé en tercer lugar.
Tras convencerme de que debía finalizar mis estudios y luego si deseaba dedicarme a la farándula dio por culminado su trabajo profesional y no lo volví a ver hasta quince años después. Me lo conseguí como jurado en un casting que buscaba artistas para un programa infantil de televisión. Culminé entre los primeros y cuando me preguntaron quien era mi manejador él respondió, sacándome del aprieto ya que no sabía ni siquiera que era eso.
-Yo lo soy.
Al final me contrataron y comenzó mi carrera profesional en serio.
Tololo pasó de las tarimas de los espectáculos callejeros a la pantalla chica y el feo más feo del barrio, el que era capaz de tocarse la nariz con su labio inferior y a quien las chicas no podían dejar de ver sin arrugar la cara, comenzó a ser buenmozo y hasta la ex suegra que mientras su hija estuvo casada conmigo nunca dejó de vociferar que encendía velas a todos los santos para que su esta no tuviera descendencia de ese “Monstrico”, como me decía, (anoto esa frase en la libreta) una vez me comentó:
-Te ves diferente en la tele.
¿Ironía o verdad?